miércoles, 9 de octubre de 2013

Ningún pueblo se merece a los políticos que tenemos, señala Enrique Bunbury

"Los problemas y los intereses, así como la falta de conexión con los verdaderos problemas del pueblo, eso es lo que une a todos los políticos, se llamen Peña Nieto, Fox o Calderón", indicó.
En su nuevo álbum Palosanto, Enrique Bunbury reflexiona sobre el concepto de revolución. Lo hace desde dos miradas: la extrovertida, donde el rockero español habla de la emoción que miles de personas sintieron por los movimientos de protesta surgidos recientemente en el mundo; y la introspectiva, donde trastoca su lado más espiritual.


"Este (Palosanto) es un disco que refleja lo que he visto en las sociedades en los últimos tres años, las necesidades de los pueblos de un cambio real, incluso radical, y en dirección opuesta a la humanidad. Utilizo la ironía y el sarcasmo para hablar de estos movimientos, y cómo otros en algún momento pensaron que, ante la imposibilidad de llegar a verdaderos cambios, la única opción era una revolución sangrienta", explicó Bunbury el martes, durante una rueda de prensa realizada en la Ciudad de México para presentar su nueva entrega discográfica.
"Despierta", el primer sencillo del álbum que verá la luz el próximo 29 de octubre, muestra la esencia de las 15 canciones que dan vida a "Palosanto". El video de dicha canción fue dirigido por Alexis Morante y en él retoma fragmentos de noticieros españoles e imágenes de manifestaciones encabezadas por el movimiento 15-M, en España, y el #YoSoy132 en México.
"Este disco es un álbum que hace un llamado más a la conciencia individual que a la colectiva, y esa es una conclusión a la que llegué en esta búsqueda. Sólo puedes cambiar el mundo cambiándote a ti mismo", advirtió el cantautor de 46 años.
Por ello, el autor de temas como El extranjero y Lady Blue afirmó que en su nuevo álbum, que también es el número 14 en su discografía, no habla ni de una crisis musical, ni de la crisis económica que enfrenta su país. Tampoco desacredita a algún político en especial, simplemente porque "su fe en la política es nula, pero no en la gente".
"Los problemas y los intereses, así como la falta de conexión con los verdaderos problemas del pueblo, eso es lo que une a todos los políticos, se llamen (Enrique) Peña Nieto, (Vicente) Fox o (Felipe) Calderón", señaló al mencionar a últimos tres presidentes mexicanos. "Yo difiero de esa frase que dice que: 'cada pueblo se merece al dirigente que tiene'. ¡Al contrario! Ningún pueblo se merece a los políticos que tenemos, por supuesto que nos merecemos algo mejor".
El compositor e intérprete reveló que aún sueña con la posibilidad de presentarse en el Zócalo de la capital mexicana, tras la grata experiencia que le dejó cantar en el Estadio Azteca ante 90, 000 personas, en 2009. "Si hablamos de recintos, aquí (en México) hay grandes lugares para shows de calidad. En esta gira espero cumplir dos caprichos: uno de ellos es tocar en un club, el segundo es tocar en el Zócalo".

fuente:: http://www.sdpnoticias.com/internacional/2013/10/09/ningun-pueblo-se-merece-a-los-politicos-que-tenemos-senala-enrique-bunbury  consultado 9 de octubre 2013

martes, 8 de octubre de 2013

Del capitalismo como “sistema parásito” por Zygmunt Bauman

Del capitalismo como “sistema parásito” por Zygmunt Bauman

Tal como el reciente “tsunami financiero” demostró a millones de personas que creían en los mercados capitalistas y en la banca capitalista como métodos evidentes para la resolución exitosa de problemas, el capitalismo se especializa en la creación de problemas, no en su resolución.

Al igual que los sistemas de los números naturales del famoso teorema de Kurt Gödel, el capitalismo no puede ser al mismo tiempo coherente y completo. Si es coherente con sus propios principios, surgen problemas que no puede abordar; y si trata de resolverlos, no puede hacerlo sin caer en la falta de coherencia con sus propias premisas. Mucho antes de que Gödel escribiera su teorema, Rosa Luxemburgo publicó su estudio sobre la “acumulación capitalista” en el que sugería que el capitalismo no puede sobrevivir sin economías “no capitalistas”; puede proceder según sus principios siempre cuando haya “territorios vírgenes” abiertos a la expansión y la explotación, si bien cuando los conquista con fines de explotación, el capitalismo los priva de su virginidad precapitalista y de esa forma agota las reservas que lo nutren. En buena medida es como una serpiente que se devora la cola: en un primer momento la comida abunda, pero pronto se hace cada vez más difícil de tragar, y poco después no queda nada que comer ni tampoco quien lo coma…
El capitalismo es en esencia un sistema parásito. Como todos los parásitos, puede prosperar un tiempo una vez que encuentra el organismo aún no explotado del que pueda alimentarse, pero no puede hacerlo sin dañar al anfitrión ni sin destruir tarde o temprano las condiciones de su prosperidad o hasta de su propia supervivencia.
Rosa Luxemburgo, que escribió en una era de imperialismo rampante y conquista territorial, no pudo prever que las tierras premodernas de continentes exóticos no eran los únicos posibles “anfitriones” de los que el capitalismo podía alimentarse para prolongar su vida e iniciar sucesivos ciclos de prosperidad. El capitalismo reveló desde entonces su asombroso ingenio para buscar y encontrar nuevas especies de anfitriones cada vez que la especie explotada con anterioridad se debilitaba. Una vez que anexó todas las tierras vírgenes “precapitalistas”, el capitalismo inventó la “virginidad secundaria”. Millones de hombres y mujeres que se dedicaban a ahorrar en lugar de a vivir del crédito fueron transformados con astucia en uno de esos territorios vírgenes aún no explotados.
La introducción de las tarjetas de crédito fue el indicio de lo que se avecinaba. Las tarjetas de crédito habían hecho irrupción en el mercado con una consigna elocuente y seductora: “elimine la espera para concretar el deseo”. ¿Se desea algo pero no se ahorró lo suficiente para pagarlo? Bueno, en los viejos tiempos, que por fortuna ya quedaron atrás, había que postergar las satisfacciones (esa postergación, según Max Weber, uno de los padres de la sociología moderna, era el principio que hizo posible el advenimiento del capitalismo moderno): ajustarse el cinturón, negarse otros placeres, gastar de manera prudente y frugal y ahorrar el dinero que se podía apartar con la esperanza de que con el debido cuidado y paciencia se reuniría lo suficiente para concretar los sueños.
Gracias a Dios y a la benevolencia de los bancos, ya no es así. Con una tarjeta de crédito, ese orden se puede invertir: ¡disfrute ahora, pague después! La tarjeta de crédito nos da la libertad de manejar las propias satisfacciones, de obtener las cosas cuando las queremos, no cuando las ganamos y podemos pagarlas.
A los efectos de evitar reducir el efecto de las tarjetas de crédito y del crédito fácil a sólo una ganancia extraordinaria para quienes prestan, la deuda tenía (¡y lo hizo con gran rapidez!) que transformarse en un activo permanente de generación de ganancia. ¿No puede pagar su deuda? No se preocupe: a diferencia de los viejos prestamistas siniestros, ansiosos de recuperar lo que habían prestado en el plazo fijado de antemano, nosotros, los modernos prestamistas amistosos, no pedimos el reembolso de nuestro dinero sino que le ofrecemos darle aun más crédito para devolver la deuda anterior y quedarse con algún dinero adicional (vale decir, deuda) para pagar nuevos placeres. Somos los bancos a los que les gusta decir “sí”. Los bancos amistosos. Los bancos sonrientes, como afirmaba uno de los comerciales más ingeniosos.
La trampa del crédito
Lo que ninguno de los comerciales declaraba abiertamente era que en realidad los bancos no querían que sus deudores reembolsaran los préstamos. Si los deudores devolvieran con puntualidad lo prestado, ya no estarían endeudados. Es su deuda (el interés mensual que se paga sobre la misma) lo que los prestamistas modernos amistosos (y de una notable sagacidad) decidieron y lograron reformular como la fuente principal de su ganancia ininterrumpida. Los clientes que devuelven con rapidez el dinero que pidieron son la pesadilla de los prestamistas. La gente que se niega a gastar dinero que no ganó y se abstiene de pedirlo prestado no resulta útil a los prestamistas, así como tampoco las personas que (motivadas por la prudencia o por un sentido anticuado del honor) se apresuran a pagar sus deudas a tiempo. Para beneficio suyo y de sus accionistas, los bancos y proveedores de tarjetas de crédito dependen ahora de un “servicio” ininterrumpido de deudas y no del rápido reembolso de las mismas. Por lo que a ellos concierne, un “deudor ideal” es el que nunca reembolsa el crédito por completo. Se pagan multas si se quiere reembolsar la totalidad de un crédito hipotecario antes del plazo acordado… Hasta la reciente “crisis del crédito”, los bancos y emisores de tarjetas de crédito se mostraban más que dispuestos a ofrecer nuevos préstamos a deudores insolventes para cubrir los intereses impagos de créditos anteriores. Una de las principales compañías de tarjetas de crédito de Gran Bretaña se negó hace poco a renovar las tarjetas de los clientes que pagaban la totalidad de su deuda cada mes y, por lo tanto, no incurrían en interés punitorio alguno.
Para resumir, la “crisis del crédito” no fue resultado del fracaso de los bancos. Al contrario, fue un resultado por completo esperable, si bien inesperado, el fruto de su notable éxito: éxito en lo relativo a transformar a la enorme mayoría de los hombres y mujeres, viejos y jóvenes, en un ejército de deudores. Obtuvieron lo que querían conseguir: un ejército de deudores eternos, la autoperpetuación de la situación de “endeudamiento”, mientras que se buscan más deudas como la única instancia realista de ahorro a partir de las deudas en que ya se incurrió.
Ingresar a esa situación se hizo más fácil que nunca en la historia de la humanidad, mientras que salir de la misma nunca fue tan difícil. Ya se tentó, sedujo y endeudó a todos aquellos a los que podía convertirse en deudores, así como a millones de otros a los que no se podía ni debía incitar a pedir prestado.
Como en todas las mutaciones anteriores del capitalismo, también esta vez el Estado asistió al establecimiento de nuevos terrenos fértiles para la explotación capitalista: fue a iniciativa del presidente Clinton que se introdujeron en los Estados Unidos las hipotecas subprime auspiciadas por el gobierno para ofrecer crédito para la compra de casas a personas que no tenían medios para reembolsar esos préstamos, y para transformar así en deudores a sectores de la población que hasta el momento habían sido inaccesibles a la explotación mediante el crédito…
Sin embargo, así como la desaparición de la gente descalza significa problemas para la industria del calzado, la desaparición de la gente no endeudada anuncia un desastre para el sector del crédito. La famosa predicción de Rosa Luxemburgo se cumplió una vez más: otra vez el capitalismo estuvo peligrosamente cerca del suicido al conseguir agotar la reserva de nuevos territorios vírgenes para la explotación…
Hasta ahora, la reacción a la “crisis del crédito”, por más impresionante y hasta revolucionaria que pueda parecer una vez procesada en los titulares de los medios y las declaraciones de los políticos, fue “más de lo mismo”, con la vana esperanza de que las posibilidades vigorizadoras de ganancia y consumo de esa etapa aún no se hayan agotado por completo: un intento de recapitalizar a los prestadores de dinero y de hacer que sus deudores vuelvan a ser dignos de crédito, de modo tal que el negocio de prestar y tomar prestado, de endeudarse y permanecer así, pueda retornar a lo “habitual”.
El Estado benefactor para los ricos (que, a diferencia de su homónimo para los pobres, nunca vio cuestionada su racionalidad, y mucho menos interrumpidas sus operaciones) volvió a los salones de exposición tras abandonar las dependencias de servicio a las que se había relegado sus oficinas de forma temporaria para evitar comparaciones envidiosas.
Lo que los bancos no podían obtener –por medio de sus habituales tácticas de tentación y seducción–, lo hizo el Estado mediante la aplicación de su capacidad coercitiva, al obligar a la población a incurrir de forma colectiva en deudas de proporciones que no tenían precedentes: gravando/hipotecando el nivel de vida de generaciones que aún no habían nacido…
Los músculos del Estado, que hacía mucho tiempo que no se usaban con esos fines, volvieron a flexionarse en público, esta vez en aras de la continuación del juego cuyos participantes hacen que esa flexión se considere indignante, pero inevitable; un juego que, curiosamente, no puede soportar que el Estado ejercite sus músculos pero no puede sobrevivir sin ello.
Ahora, centenares de años después de que Rosa Luxemburgo diera a conocer su pensamiento, sabemos que la fuerza del capitalismo reside en su asombroso ingenio para buscar y encontrar nuevas especies de anfitriones cada vez que la especie que se explotó antes se debilita demasiado o muere, así como en la expedición y la velocidad virulentas con que se adapta a las idiosincrasias de sus nuevas pasturas. En el número de noviembre de 2008 de The New York Review of Books (en el artículo “La crisis y qué hacer al respecto”), el inteligente analista y maestro del arte del marketing George Soros presentó el itinerario de las empresas capitalistas como una sucesión de “burbujas” de dimensiones que excedían en mucho su capacidad y explotaban con rapidez una vez que se alcanzaba el límite de su resistencia.
La “crisis del crédito” no marca el fin del capitalismo; sólo el agotamiento de una de sus sucesivas pasturas… La búsqueda de un nuevo prado comenzará pronto, tal como en el pasado, alentada por el Estado capitalista mediante la movilización compulsiva de recursos públicos (por medio de impuestos en lugar de a través de una seducción de mercado que se encuentra temporariamente fuera de operaciones). Se buscarán nuevas “tierras vírgenes” y se intentará por derecha o por izquierda abrirlas a la explotación hasta que sus posibilidades de aumentar las ganancias de accionistas y las bonificaciones de los directores quede a su vez agotada.
Como siempre (como también aprendimos en el siglo XX a partir de una larga serie de descubrimientos matemáticos desde Henri Poincaré hasta Edward Lorenz) un mínimo paso al costado puede llevar a un precipicio y terminar en una catástrofe. Hasta los más pequeños avances pueden desencadenar inundaciones y terminar en diluvio…
Los anuncios de otro “descubrimiento” de una isla desconocida atraen multitudes de aventureros que exceden en mucho las dimensiones del territorio virgen, multitudes que en un abrir y cerrar de ojos tendrían que volver corriendo a sus embarcaciones para huir del inminente desastre, esperando contra toda esperanza que las embarcaciones sigan ahí, intactas, protegidas…
La gran pregunta es en qué momento la lista de tierras disponibles para una “virginización secundaria” se agotará, y las exploraciones, por más frenéticas e ingeniosas que sean, dejarán de generar respiros temporarios. Los mercados, que están dominados por la “mentalidad cazadora” líquida moderna que reemplazó a la actitud de guardabosques premoderna y a la clásica postura moderna de jardinero, seguramente no se van a molestar en plantear esa pregunta, dado que viven de una alegre escapada de caza a otra como otra oportunidad de posponer, no importa qué tan brevemente ni a qué precio, el momento en que se detecte la verdad.
Todavía no empezamos a pensar con seriedad en la sustentabilidad de nuestra sociedad impulsada a crédito y consumo. “El regreso a la normalidad” pronostica un regreso a vías malas y siempre peligrosas. La intención de hacerlo es alarmante: indica que ni la gente que dirige las instituciones financieras, ni nuestros gobiernos, llegaron al fondo del problema con sus diagnósticos, y mucho menos con sus actos.
Parafraseando a Héctor Sants, el director de la Autoridad de Servicios Financieros, que hace poco confesó la existencia de “modelos empresarios mal equipados para sobrevivir al estrés (…), algo que lamentamos”, Simon Jenkins, un analista de The Guardian de extraordinaria agudeza, observó que “fue como si un piloto protestara porque su avión vuela bien a excepción de los motores”.
Autor: Zygmunt Bauman

fuentehttp://ssociologos.com/2012/09/14/zygmunt-bauman-del-capitalismo-como-sistema-parasito/ consultado 8 de octubre 2013

El suicidio, primera causa de muerte en España, y sus causantes: desahucios, desempleo y pobreza

“La Ley española del desahucio vulnera la normativa comunitaria y no garantiza ninguna protección eficaz de los consumidores frente a posibles cláusulas contractuales abusivas en las hipotecas” según el Tribunal de Justicia de la UE. 

Desahuciados o parados, empresarios arruinados, que se quitan la vida, desempleados volcados en una consulta psiquiátrica… gente que quiere emigrar porque aquí no se puede vivir. Los problemas emocionales derivados de la crisis económica española aumentan y agravan la incidencia de las enfermedades mentales y de las soluciones desesperadas.
Desde diciembre de 2011 hasta marzo o abril de 2012 ha crecido el número de suicidios obviamente vinculados a problemas económicos En los primeros meses de este año, dos conocidos empresarios andaluces aparecieron calcinados en el interior de sus respectivos automóviles en localidades costeras y, según todos los indicios, se habrían matado ante la ruina de sus negocios, reveló el agente, que no ofreció más detalles.
El suicidio supera los accidentes de tráfico, el cáncer, y enfermedades cardiovasculares. Pero el número de personas que se quitaron la vida no había crecido significativamente desde 2007, antes del inicio de la crisis, y 2010, último año del que se tienen datos oficiales. En 2007, los fallecidos por suicidio fueron 3.263, de los que 2.463 eran hombres y 800 mujeres, indica el informe de defunciones según causa de muerte del Instituto Nacional de Estadística (INE). En los años subsiguientes hubo algunas oscilaciones: 3.457 en 2008; 3.429 en 2009 y 3.158 en 2010. Las cifras de suicidios no suelen hacerse públicas y los servicios de emergencia no dan cuenta de ellos a los medios de comunicación, aunque sí lo hacen sobre muertes con otras causas.
En las facultades de Comunicación se enseña que el suicidio no es noticia. “Es en cierto modo correcto, no es noticia cada caso individual, no se debe informar de métodos o detalles. Pero es también un error: sí se debe hablar del fenómeno social que supone el suicidio. Y de la forma de prevenirlo.
Por eso, hay que ser consciente. Hay que hablar del tema como problema y pensar en eventuales soluciones, sobre todo si hay algún peligro en el entorno. Pero no es sí. El 10 de septiembre, Día Mundial de la Prevención del Suicidio, pasó sin pena ni gloria en los medios. El suicidio sigue siendo un tabú, algo maldito e innombrable, lo que convierte a las familias en víctimas dobles
“En el 95% por ciento de los casos, no se llama a los periodistas al lugar del suicidio, aunque sí están presentes en homicidios o accidentes”, según el policía malagueño.
Son noticias que sacuden la región casi a diario y que apenas se mencionan en la gran prensa. Ningún responsable político habla de la proliferación de suicidios en España. Pocas veces aparecen reflejados en las crónicas de sucesos.
Las depresiones con consecuencias fatales afectan, sobre todo, a jefes de empresa o altos cargos que han visto derrumbarse el trabajo de una vida. Dado que España es un país de empresas familiares, la ruina tiene una connotación especial. Ante el fracaso, el sentimiento de frustración y de responsabilidad es aún mayor, y de ahí la desesperación.
«Lo siento, pero no me queda otra salida. Cuídate mucho». Con estas palabras, Isabel se despidió telefónicamente de una amiga antes de poner fin a su vida. Pero la mayoría de los suicidios en España tienen lugar en la más absoluta oscuridad, sin que trascienda su tragedia. No abundan los mensajes de despedida, ni las notas escritas a mano para decir adiós.

Aunque no hay cifras oficiales y muchos de estos casos se camuflan como accidentes (de arma de fuego o por ingestión de medicinas equivocadas), el caso que cuenta es que hay una muerte diaria, consecuencia de la precariedad económica, según Eures, la red creada por la Comisión Europea para facilitar la movilidad laboral.

Se trata a veces de autónomos, enfermos desahuciados, solitarios, incluso jubilados con pensiones de miseria que se van por falta de medios, de trabajo, o desesperanza. O porque les iban a echar del piso.

En muchos medios se presenta la imagen de una España desesperada por la crisis: precios por las nubes, salarios inmóviles (entre los más bajos de Europa), récord de impuestos, o un IVA desmesurado que eleva el precio de las cosas más elementales… En Euskadi con la supresión de las bonificaciones por contratación o mantenimiento del empleo, adoptadas por el gobierno de Madrid, miles de empresas se encuentran con un mayor coste salarial en sus contratos de trabajo, y en especial de jóvenes, mayores de 45 años y mujeres. El mayor impacto se ha producido en las actividades de investigación, desarrollo e innovación tecnológica. Y el país que aguantaba bien ahora se desmorona.
Con este panorama desolador, algunos confiesan que tienen que robar productos alimenticios en los supermercados para poder sobrevivir y llevar algo a casa para comer. Otros que ya han empeñado las joyas de los abuelos. También entre los empleados que han perdido su puesto de trabajo y no tienen instrucción especial abundan los suicidios. Eso sin contar los jóvenes que han caído en los mallas de la droga debido a la falta absoluta de expectativas de futuro y los malos amigos que están más o menos en la misma situación. Se sabe que el número de drogodependientes en España ha superado las cifras registradas en la segunda mitad de los 70. Ante la falta de medios para adquirir la droga, se recurre a sustancias ‘estupefacientes’ insólitas muy peligrosas. Y estos sucesos se han disparado.
Es un presente duro el que está viviendo España. Tal vez el peor desde la guerra civil. Y lo malo es que hay poco margen para la esperanza. ¿Cuántos suicidios más se seguirán ocultando en los próximos meses?
Vivimos inmersos en una cultura que se dice de la “información”, pero mirando a nuestro alrededor constatamos que nunca parecen importar las cosas, que los medios también están tocados y no mueven a la gente sino hacia la indiferencia. Lo que importa es vender publicidad. Y nunca se ha sentido el ser humano más sólo, más distante de todos y de todo. Más indiferente. Y eso a pesar de estar rodeados de sistemas que “comunican”, ”informan”, ”anuncian”, ”revelan” las 24 horas del día… pero no acompañan.
Desde la muerte de Franco se ha seguido en la misma sociedad de consumo de masas, donde el ser humano es pasivo, sin claras definiciones económicas, sociales o filosóficas, y el gobierno de turno intenta sutilmente que el hombre se comporte como un animal de consumo, conformista, apolítico. ¿Derechos humanos?… ¿Qué es eso?
La pobreza, el hambre, los desahucios, la exclusión social y demás problemas sociales no existen para Rajoy
No se ha escuchado ni una sola vez, ni en boca de Rajoy ni de sus entrevistadores, ninguna de esas palabras: “ni por supuesto, las de suicidio, malnutrición infantil, derechos humanos, inflación galopante, sostenibilidad, solvencia, problemas escolares, inamovilidad de las pensiones, tasas universitarias, becas, etc, etc.”. Eso lo dice todo…
En la cuestión de los desahucios el poder judicial trata débilmente de cambiar la ley pero es el propio gobierno el que se resiste. Explica que la comisión de seguimiento en la que participan la asociación hipotecaria, el Banco de España, la comisión Nacional del Mercado de la Vivienda y el secretario de estado para la economía estudian modificar umbrales e ingresos en los que se excluyan los desahucios. Eso requiere tiempo.
Ahora el acuerdo del gobierno y del PSOE de aceptar una reforma Express contra los desahucios, ha sido acogido con esperanza teñida de escepticismo. Después de casi unos 400.000 desahucios desde 2008 Rajoy ya no podía aguantar le presión de los medios sociales, de muchos jueces que estaban aplicando una ley de 1909. Hay un tribunal de Primera Instancia (el 32 de Madrid) que ha tramitado 1.200 ejecuciones hipotecarias en lo que va de año.

Espoleada por el alza del IVA la inflación se disparó hasta el 3’5 % en septiembre. El IVA ha aumentado los precios y esto se ha reflejado en el indicador del INE, que registra una subida hasta el 3’5%. Y el colmo viene con la privatización sanitaria. La gestión privada de la sanidad que empezó en Madrid y se ha extendido por las autonomías del PP. Más o menos significa la entrega al sector privado del control integral de los hospitales. La crisis es más bien una excusa de una maniobra dirigida a debilitar la red sanitaria-aunque esté funcionando bien-y entregarla a una empresa privada. Un jugoso negocio para las empresas que se dedican a la prestación de servicios sanitarios. El anuncio del Presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, ha dado el primer paso. La noticia de esta iniciativa, después de tantos fracasos en muchas otras, provocaron no sólo protestas sino huelgas en seis hospitales de Madrid. En el mejor de los casos, 5.500 trabajadores (médicos, enfermeros, auxiliares…) quedan ahora pendientes de reubicación y dependen de que las empresas privadas quieran volver a contratarlos. Los carteles que exhibieron los trabajadores son suficientemente expresivos: “Vete, se vende tu hospital”, “Se vende Sanidad Pública”, “Hospital… sólo para ricos. Abstenerse de entrar”.
Ojeamos “El Periódico de Huelva” del 12 de octubre”, por ser Andalucía, una de las regiones más afectadas, y dice así”
“Ahora más que nunca, su reivindicación es necesaria. Con motivo del ‘Día Internacional de la Erradicación de la Pobreza’ los responsables de asociaciones de Huelva ofrecieron algunos datos sobre la pobreza, “extrapolables a los que se registran en Andalucía”, tal y como destacó Manoli García, vicepresidenta de la Red Andaluza de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN-A). Así, “se han practicado 3.272 desahucios en Andalucía hasta el mes de septiembre de este año”. A esos desahucios, habría que sumar 79.000 que están a la espera de la orden de ejecución” y del millón de parados que tiene Andalucía”
De este modo, García explicó que un 40% de los andaluces ha cruzado ya el umbral de la pobreza, siendo Andalucía la tercera comunidad “más pobre de España, sólo seguida por Ceuta y Extremadura donde un 47% de la población, casi la mitad, no podrían hacer frente a un gasto urgente imprevisto”.
En Extremadura, según un artículo sobre Barriada de Juan Canet en Mérida las cosas están así: “Antes de las nueve de la mañana, un grupo de policías antidisturbios, pertrechados de escopetas lanzapelotas, custodian el rápido desalojo de muebles en una vivienda social. Se trata de uno de los 16 desahucios consumados en el último mes y medio en Extremadura. Bocachas expectantes velando las puertas y cunas extraviadas en plena calle. Una mujer, inquilina de ese piso, suplica sin éxito que le dejen entrar en la casa a coger el biberón para dar de comer a su hijo. No, no llega a estos barrios la prédica del interés superior del menor ni hay espacio en los suburbios para melindres compasivos. “Nos tratan como a terroristas”, dice una mujer mayor, consumida por la rabia. Hace ya tiempo que dejó de extrañarnos la presencia de los antidisturbios y de los GEOS en las barriadas miseria. Es la guerra sorda, la ofensiva de los ricos contra los pobres, la guerra social que se ha instalado en España.
La Junta de Extremadura, dueña de casas y juez de intemperies, ha convertido el desalojo en la guía de su política de la vivienda. 764 expedientes de desahucios abiertos y, de ellos, según se anuncia, 90 de ejecución inminente. Aunque no tiene la misma diligencia ni energía para cumplir sus obligaciones como casera. Los ascensores dejaron de funcionar, los barrios están llenos de cucarachas y otros bichos, pero el ejemplar gobierno de Extremadura sólo piensa en hacer caja con la más rentable de las inversiones: el miedo.

¿Como pretenden que pague otro recibo atrasado?” o “¿Tú crees que hay derecho a que te amenacen con echarte a la calle por tener una deuda de 600 euros?”. Se acumulan mil historias de incertidumbre y miedo.
Esto ocurre en una región que ronda los 150.000 parados, más de 60.000 de ellos sin ayuda alguna y cuando el número de personas acogidas a los programas de alimentos de Cáritas no deja de multiplicarse. Un tsunami de marginación y miseria avanza con la ruleta de los desahucios.
Esta vileza institucional del desahucio como herramienta política se produce en un país que cuenta con 4 millones de viviendas vacías y, casi un millón de ellas, en manos de los bancos como consecuencia del saqueo hipotecario. España, campeona europea de gentes sin casa y, al mismo tiempo, casas sin gente,
El país donde se extorsiona a gentes sin recursos para que paguen la insignificante deuda atrasada o se le corta el agua a familias con niños pequeños.
El mismo país en el que mientras tiburones como Rodrigo Rato o Miguel Ángel Fernández Ordóñez se van de rositas dejando pufos de 23.000 millones de euros (Bankia) o agujeros financieros de más de 100.000 millones (banca española). O donde el empresario más grande, Alfonso Gallardo, aún no ha devuelto los 10 millones de euros adelantados para el fracasado engendro de refinería.
“No vamos a parar los desahucios, de ninguna manera. Además nos están felicitando por ello”, dice jubiloso Víctor del Moral, Consejero de Vivienda de la Junta de Extremadura. Es ahí, en ese perturbador argumento, donde se encuentra la clave de esta oleada de desahucios. Todo un discurso populista que habla de las barriadas más machacadas como el reino de los televisores de plasma y los muebles de diseño, y que repiten insistentemente términos como conducta antisocial acabando por presentar como un problema de orden público lo que no es sino una expresión radical de injusticia social.
Y a la veterana criminalización de la pobreza se suma el darwinismo social, importado de Estados Unidos e inyectado en vena en las últimas décadas. “Ya no hay pobres, sino fracasados. Desapareció el marginado, ya no quedan en el lenguaje de la selva capitalista más que perdedores e inadaptados sociales“.
También aquí, tras la locura de los desahucios colectivos es apropiado aquel dicho simple: “este es el inveterado conflicto entre ricos y pobres por el derecho a la ciudad” (Mike Davis).
Un espeso silencio cómplice acompaña los desahucios. Y en los foros de los periódicos supura el odio contra los pobres. “Es lo único bueno que ha hecho el PP desde que gobierna en Extremadura”, dice un justiciero anónimo. “Venga, daros prisa en echar la escoria, que a este paso aún llegan al invierno”, añade otro enigmático valiente. Es el lumpen y todo vale.
Los que mandan conocen bien el miedo a la proletarización de las clases medias y se aprestan a parasitar la zozobra de quienes intuyen el final de la gran milonga de consumismo e individualismo propietario. Desde los 90, mucha gente empezó a vivir de la pobreza en la poderosa “industria de lo social”. Hoy resulta más evidente aún la utilidad que el poder concede a la pobreza como instrumento de cohesión y disciplina de la ciudadanía.
En “Novecento”, la hermosa película de Bertolucci que narra la historia del siglo XX en Italia, aparece la del desahucio de Orestes, un jornalero al que los patronos echan de casa por incumplimiento del contrato. El relato del desahucio sirve en la película para explicar el origen del fascismo en Italia. Observando la brutalidad e inhumanidad de los desahucios masivos de estos días y la liquidación sistemática de derechos sociales, parece que el vientre que parió aquella cosa bestial todavía está fecundo.

La Justicia europea dice que la normativa española de desahucios es ilegal 
La abogada general del Tribunal de Justicia de la UE (TUE), Juliane Kokott, ha dictaminado que no garantiza una protección eficaz de los consumidores frente a posibles cláusulas contractuales abusivas en las hipotecas.
Juliane Kokott, ha considerado días pasados que la ley española de desahucios vulnera la normativa comunitaria porque no garantiza una protección eficaz de los consumidores frente a posibles cláusulas contractuales abusivas en las hipotecas.
El dictamen de la abogada general responde a una cuestión presentada por el juzgado mercantil de Barcelona, que debe dirimir una denuncia presentada por un ciudadano contra CatalunyaCaixa, que forzó su expulsión de la vivienda que ocupaba en enero de 2011 por impago de la hipoteca. 
El ciudadano en cuestión solicita que se declare nula una de las cláusulas del préstamo hipotecario y que, en consecuencia, el procedimiento judicial de ejecución hipotecaria sea considerado también nulo.
En sus conclusiones presentadas este jueves, la abogada general recuerda en primer lugar que, al no existir un derecho de la UE una armonización de las medidas de ejecución forzosa, corresponde a los Estados miembros establecer las modalidades procesales.
No obstante, el dictamen precisa que la regulación procesal nacional no puede conducir a que se obstaculice la invocación de los derechos garantizados al consumidor por la directiva europea contra las cláusulas contractuales abusivas.
En este sentido, la abogada general estima que “la regulación procesal española es incompatible con la directiva, pues menoscaba la eficacia de la protección que ésta persigue”.
“No constituye una protección efectiva contra las cláusulas abusivas del contrato el que el consumidor, a raíz de dichas cláusulas, deba soportar indefenso la ejecución de la hipoteca con la consiguiente subasta forzosa de su vivienda, la pérdida de la propiedad que la acompaña y el desalojo, y que sólo con posterioridad esté legitimado para ejercitar la acción de daños y perjuicios”, resalta Kokott.
Al contrario, la norma europea exige “que el consumidor disponga de un recurso legal eficaz para demostrar el carácter abusivo de las cláusulas de su contrato de préstamo, merced al cual, si se da el caso, pueda detenerse la ejecución forzosa”.
La abogada general insiste en que el juez debe tener la posibilidad de suspender la ejecución forzosa hasta que se haya comprobado el carácter abusivo de una cláusula contractual, de modo que se impida que el procedimiento ejecutivo cree en perjuicio del consumidor una situación que posteriormente sea de muy difícil o imposible reparación.
El dictamen de la abogada general no tiene carácter vinculante, pero el Tribunal sigue sus recomendaciones en el 80% de los casos. Los jueces empiezan ahora a deliberar y la sentencia se dictará en un momento posterior.
Fuente: Globedia.com
consultado: 8 de octubre 2013

lunes, 7 de octubre de 2013

Foucault sobre la Revolución y los Intelectuales por Ariel Mayo

Michel Foucault (1926-1984) fue testigo del proceso que llevó al triunfo a la Revolución Iraní en enero de 1979. En el otoño boreal de 1978 recorrió ese país como periodista, enviado por el Corrière della Sera. Allí fue testigo del comienzo del levantamiento que marcó el final del régimen del sah. En un primer momento, Foucault saludó con entusiasmo la rebelión popular contra el régimen dictatorial del sah; posteriormente, y ante el cariz integrista tomado por la Revolución, se mostró muy crítico frente al nuevo régimen. Fruto de esta experiencia es el texto en cuestión, un artículo periodístico en el que Foucault reflexiona sobre la Revolución triunfante en Irán en enero de 1979. (1)
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Para los fines del análisis el artículo puede dividirse en tres áreas temáticas: a) la cuestión del carácter y los resultados de la Revolución Iraní; b) la distinción entre sublevación y revolución; c) la concepción que hace de la sublevación el límite último de toda forma de poder. (2). Cabe aclarar que el ordenamiento de estas áreas no se corresponde con la manera en que las mismas se presentan en el artículo; hemos procedido así para facilitar la exposición.
 
A) El carácter de la Revolución Iraní.
 
Ante todo, hay que decir que Foucault escribe luego de la victoria de la Revolución, cuando el ayatolá Ruhollah Jomeini (1902-1989) ya había alcanzado el control del nuevo gobierno. Esto es importante, porque ya estaba claro cuál iba a ser la orientación del nuevo régimen, en el que la línea teocrática había logrado la primacía sobre las demás (suele perderse de vista la existencia de corrientes laicas – democráticas, nacionalistas, comunistas, etc.- en el proceso revolucionario iraní que culminó en el derrocamiento del Sah). Es por ello que Foucault modifica su posición inicial de apoyo a la Revolución: “Ciertamente no da ninguna vergüenza cambiar de opinión, pero no hay ninguna razón para decir que se cambia de opinión cuando se está hoy contra la amputación de manos, tras haber estado ayer contra las torturas de la Savak.” (p. 87) (3). Y en otros pasajes del texto hace referencia a “formas de xenofobia virulenta” (p. 86), a la “sujeción de las mujeres” (p. 86), al “gobierno sangriento de un elegido integrista” (p. 87). Todo esto es significativo para deshacer la leyenda que hace de Foucault una especie de pervertido que, en su inmensa perversidad, apoyó la consolidación de una teocracia en el Irán posrevolucionario.
 
Sin embargo, la percepción del rumbo adoptado por la Revolución no impidió a Foucault tomar nota de la grandeza del acontecimiento revolucionario. Así, remarca que la actitud dual de los nuevos gobernantes iraníes, apoyándose en la “sublevación” para justificar su régimen y, a la vez, descualificando el hecho mismo de la “sublevación” porque esta dio origen a un gobierno de mulás (4), refleja el miedo [ante] lo que el mundo desde hace tiempo no había dado ejemplo” (p. 87). En otras palabras, Foucault valora el hecho mismo de la “sublevación”, independientemente de sus resultados. En la sección siguiente discutiremos esta cuestión, que refleja los límites de la teoría foucaultiana del poder.
 
Antes de terminar con esta sección, corresponde hacer una observación en tanto lectores latinoamericanos de este artículo. Cuando Foucault escribe que la Revolución Iraní hizo algo que el mundo “hace tiempo no había dado ejemplo” deja de lado un proceso que se estaba desenvolviendo en el momento mismo en que Foucault redactaba su artículo, esto es, el ascenso de la Revolución Sandinista (que resultó triunfante el 19 de julio de 1979). Claro está que la Revolución Sandinista pertenece a un modelo un tanto diferente al de la “sublevación” esbozado por Foucault en el artículo que estamos analizando.
 
B) La distinción entre “Sublevación” y Revolución.
 
La “Sublevación” constituye, según Foucault, el límite último, la frontera que el poder no puede franquear. Es por ello que Foucault se ve obligado en este artículo a desarrollar la manera en que concibe las posibles formas de desafiar exitosamente al poder en nuestra sociedad. De ahí la importancia del texto en cuestión.
 
¿Qué entiende Foucault por “Sublevación”?
 
“El movimiento mediante el cual un solo hombre, un grupo, una minoría o un pueblo entero dice: «No obedezco más», y arroja a la cara de un poder que estima injusto el riesgo de su vida.” (p. 83). Es oportuno hacer dos comentarios a esta afirmación:
 
a) la “sublevación” así definida es más un movimiento ético, una reacción pasional y visceral contra la opresión, que un movimiento político. La política (cualquier política, ya sea la de los opresores o la de los oprimidos) se caracteriza fundamentalmente por contruir organización para llevar adelante determinados objetivos (ya sea la construcción de un partido de revolucionarios profesionales para tomar el Palacio de Invierno en la Rusia de 1917; o la conformación de una hegemonía en torno a la Mesa de Enlace para voltear las retenciones en la Argentina de 2010). En el caso de la “sublevación”, se trata de una reacción desesperada de quien no quiere someterse más; es, en el sentido fuerte de la expresión, algo que está «fuera de la historia» (p. 84), es un “desgarramiento que [interrumpe] el hilo de la historia” (p. 84).
 
Ahora bien, en la citada formulación del concepto foucaultiano de “sublevación” residen tanto la fortaleza ética como la debilidad política del uso del citado concepto. Esto es así pues la “sublevación, por su carácter esencialmente ahistórico (está dirigida contra la “opresión en general”, no contra una opresión determinada), adopta la forma de explosión repentina que se consume en su mismo, dejando el poder y el control de la situación en manos de quienes son capaces de organizarse concientemente. La “sublevación” puede destruir un régimen opresivo (es por eso que Foucault dice que la “sublevación” también está en la historia – p. 84 -), pero es incapaz de organizar una fuerza capaz de construir un orden, una forma de vida diferente (por eso la “sublevación” está “fuera de la historia” – p. 84 -.).
 
b) La rebelión (aquello que Foucault designa como “sublevación” en este artículo) tiene sentido histórico en la medida en que es colectiva. Hablar, como lo hace Foucault, de la “sublevación” de “un solo hombre” es abandonar la política y deslizarnos hacia el terreno de la ético. En otras palabras, es referirnos a cosas diferentes. Por supuesto, afirmar esto no implica desconocer el inmenso valor que tiene el individuo que se planta en solitario y dice “¡No!”, contra toda esperanza y sin esperar nada a cambio, salvo la salvaguarda de su propia dignidad. Tiene que estar claro que toda política revolucionaria tiene que comenzar, necesariamente, por el respeto a la dignidad de los seres humanos, que son el sujeto y no el objeto de una política dirigida a transformar radicalmente la sociedad. Pero el gesto individual no trasciende el momento de dar testimonio, mientras que la política es, sobre todas las cosas, una práctica esencialmente colectiva, en la que los gestos, las palabras y las acciones tienen como destinatario al/los otro/s.
 
Foucault señala que el doble carácter de la “sublevación” (esto es, el estar simultáneamente afuera y adentro de la historia) es el que permite comprender “por qué las sublevaciones han podido encontrar tan fácilmente su expresión y su dramatización en las formas religiosas” (p. 84). Esta afirmación plantea de manera particular una cuestión más general, que excede largamente el terreno de lo religioso, y que es la problemática de la conciencia política de los sectores populares. En el caso de éstos últimos, se vuelve perentoria la necesidad de encontrar un anclaje, una referencia, en lo que es terreno conocido. En este sentido, Rodolfo Walsh dijo alguna vez que las masas se replegaban siempre sobre aquello que les era más familiar. Esta afirmación, que Walsh (1927-1977) realizó en un contexto de profunda derrota, es todavía más válida para el caso de los avances de los sectores populares. La religión constituyó durante la inmensa mayoría de la historia humana ese horizonte conocido, y sólo el desarrollo del capitalismo empezó a horadar esas certezas, generando por primera vez la posibilidad del desarrollo de formas de conciencia laica, que no precisaban de referencias religiosas para expresar sus planteos políticos.
 
Ahora bien, y más allá de lo expresado en el párrafo anterior, la puntualización que hace Foucault tiene el defecto de fortalecer de manera indirecta a la religión, pues al convertirla en el ropaje privilegiado que viste la “sublevación” (el movimiento “fuera de la historia” por antonomasia), tiende a reforzar el supuesto carácter ahistórico de la religión. Así, ésta opera como “la manera misma de vivir las sublevaciones” (p. 84), dado que ella misma remite a un “mundo” trascendente que se encuentra fuera de la historia. Como quiera que sea, para comprender el papel de las religiones, sus símbolos y su vocabulario, en las “sublevaciones”, es necesario seguir otro camino, que pasa por estudiar el rol que juega la religión en la vida cotidiana de los sectores populares en una época y lugar determinados. Sólo así la religión puede ser redimida de toda la fantasmagoría de la trascendencia.
 
En el texto, Foucault opone la “sublevación” a la revolución. ¿Qué entiende por esta última? Ante todo, la concibe como “un gigantesco esfuerzo por aclimatar la sublevación en el interior de una historia racional y dominable” (p. 84), y este esfuerzo se viene realizando “desde hace dos siglos” (p. 84). La revolución es, en el sentido foucaultiano, la Anti-Sublevación. Es por ello que la revolución procura encauzar la “sublevación” dentro de “condiciones previas, objetivos y maneras de cumplirse” (p. 84). Significa el esfuerzo por introducir a la fuerza a la “sublevación” en la historia, para de ese modo domesticarla y ponerla al servicio del poder. Hay que tener en cuenta que, según Foucault, toda forma de saber es una forma de poder; de ello se deriva que la constitución de un saber de la “sublevación” implica forzosamente el sometimiento de la sublevación al poder.
 
En este punto hay que detenerse y hacer una observación sobre el lenguaje empleado por Foucault en el artículo, pues el carácter abstracto (es decir, ahistórico) de la oposición “sublevación” versus “revolución” dice mucho acerca de su manera de concebir el poder. Cuando Foucault escribe que “la era de la revolución” comenzó hace dos siglos, no está aludiendo a la Revolución en tanto entidad metafísica enfrentada a otra entidad no menos abstracta denominada “sublevación”, sino que se está refiriendo al ciclo de las Revoluciones Burguesas (entre las que se encuentra la Revolución Francesa de 1789-1794). Que Foucault prefiera la oposición metafísica “sublevación” versus “revolución” indica que, en último término, coloca el problema del poder en un nivel que está más allá de lo histórico. En nuestra opinión, esta es la falencia más fuerte de la teoría foucaultiana de la política y el poder.
 
Pero, al concebir la oposición entre “sublevación” y “revolución”, no alude solamente a las Revoluciones Burguesas. Al afirmar en el texto que “se ha definido, incluso, la profesión de revolucionario”, está haciendo referencia, de manera velada, a los partidos de izquierda que siguieron el modelo bolchevique de organización política. Este no es el lugar para hacer la crítica de la práctica leninista, pero si corresponde señalar que la misma representa, independientemente de las valoraciones que se hagan sobre los resultados obtenidos por ella, una forma de política obrera que se enfrentó a la práctica política de la burguesía (la clase que llegó al poder justamente por medio de las Revoluciones Burguesas). Al ubicar implícitamente en el mismo espacio a los revolucionarios profesionales de tipo leninista y a los jacobinos de la Revolución Francesa, Foucault pasa pone al poder fuera de la historia, pues diluye las enormes diferencia entre el contenido de clase de una y otra forma de política.
 
Buenos Aires, 6 de agosto de 2010
 
NOTAS:
(1) El título original es “Inutile de se soulever?” y se publicó en LE MONDE, nº 10661, 11-12 de mayo de 1979, p. 1-2. En todos los casos utilicé la traducción española de Ángel Gabilondo, “¿Es inútil sublevarse?”, incluida en Foucault, Michel. (2002). Dichos y escritos. Madrid: Editora Nacional (vol. 2, pp. 83-89). Corresponde decir que la edición española que citamos es un tanto desmañada, ya que contiene varios errores tipográficos.
(2) Puesto que Foucault utiliza el término “Sublevación” en un sentido específico (que aclaramos luego en el texto), hemos optado por escribirlo entre comillas, para poderlo distinguir así del uso habitual del mismo.
(3) La Savak era la abreviatura de la Organización de Seguridad e Inteligencia Nacional, denominación que recibió el organismo encargado de detener, torturar y asesinar opositores en el Irán del sah. Funcionó desde 1957 hasta 1979. La amputación de una mano es el castigo que reciben los ladrones reincidentes de robo según la sharía o ley islámica, adoptada por el gobierno revolucionaria iraní.
(4) El término mulá designa en las comunidades musulmanas chiitas a las personas versadas en el Corán y en la jurisprudencia islámica.
 
 
Ariel Mayo, administador del Blog: miseriadelasociologia.blogspot.com.ar
Licenciado en Sociología en UBA. Es profesor en la Universidad Nacional de San Martín y en el Instituto Superior del Profesorado Dr. J. V. González.

viernes, 4 de octubre de 2013

Sociólogos australianos demuestran que los pobres son pobres por elección

“Sea por elección o por omisión, pero los pobres son pobres porque quieren”, dice un grupo de sociólogos australianos.




Sidney, Australia, 12 de junio.- Un grupo de estudiosos compuesto en su mayoría por sociólogos (con algunos psicólogos y filósofos) de lo que pronto se conocerá como el Rhonda Byrne Institute han concluido que la pobreza es una condición voluntaria.


“Se sospechaba ya, con bases filosóficas que los responsables de la pobreza eran los propios pobres, pero ahora, con estudios etnográficos lo hemos demostrado de manera contundente”, dice Frederick D. McCarthy, distinguido miembro del Institute of Anthropology and Ethnography.
El estudio patrocinado por la propia Byrne, arguye que si los pobres realmente desearan dejar de serlo, saldrían de su condición: “es una cuestión de deseo, de decisión, es una cuestión de decretar”, dice McCarthy glosando a Byrne.


Finalmente sentenció “la gente siempre busca excusas para eludir responsabilidades, si los pobres desearan cambiar irían a comprar libros de superación, como este de El Secreto. Sólo ellos son culpables de ni siquiera usar sus laptop para conectarse a internet y descargar el libro, aunque sea de manera gratuita, el conocimiento y el poder están ahí afuera, esperándolos”.


fuente: http://cienciaseminal.com/2013/06/12/sociologos-australianos-demuestran-que-los-pobres-son-pobres-por-eleccion/ consultado 4 de septiembre 2013

miércoles, 2 de octubre de 2013

¿Qué quieren los maestros? por Sabina Berman



A Claudio X. y su grupo de empresarios formados en escuelas privadas de alto nivel, no se les ocurrió preguntárselos, cuando articularon su plan para la educación en México, hace ya dos años.
Tampoco a Televisa, cuando adoptó el plan, documentó en el documental De panzazo qué fallidos eran nuestros maestros de escuelas públicas, y propagó la urgencia de una reforma educativa. Y tampoco al nuevo gobierno de Enrique Peña Nieto, cuando decidió convertir la reforma en ley.
Y cuando la líder del sindicato mayoritario de maestros protestó contra la reforma, tampoco se le escuchó: se le encarceló por desviación de dineros, se colocó en su lugar al señor que le firmaba los cheques de los desvíos, un señor amenazado de cárcel, y por tanto irremediablemente dócil, y se procedió a llevar la reforma al Congreso, donde de nuevo nadie les preguntó a los maestros qué querían ellos.
Como si los maestros fuesen peones, chalanes, caballerangos, correveidiles, mozos.
Y sin embargo, no lo son, los maestros son maestros, y para que la reforma educativa descienda a las aulas y a nuestros niños, será a través de los maestros o no será. Todavía más, la terquedad del gobierno en no tomarlos en cuenta, y la andanada de insultos con que los comunicadores los han cubierto –nacos, salvajes, irresponsables, revoltosos, radicales, burros, ratas, chacales– amenazan con obstruir la reforma completamente.
Lo que fue una resistencia de los maestros de Oaxaca a principio de año hoy se ha convertido en una resistencia en 26 estados de los 32 de la República. Lo que fue una resistencia de la CNTE se está volviendo también la resistencia de maestros que con justa razón consideran que el SNTE es hoy un sindicato del todo sometido.
Bueno pues, ¿qué quieren los maestros que protestan contra la reforma? Me lo responde su vocero Francisco Bravo en una prosa que no es la de un naco ni un salvaje. Sobria, precisa, y sólo por momentos deformada en el eufemismo.
Quieren echar atrás la reforma educativa. Sí, como sus antagonistas dicen, porque les parece injusto perder sus plazas por reprobar evaluaciones, pero (como no dicen sus antagonistas) porque las insuficiencias de los maestros que reprueben también son responsabilidad de la Secretaría de Educación, que no los ha preparado adecuadamente ni los trata como a profesionales valiosos, dándoles salarios de hambre: 3 mil pesos gana una maestra rural, 6 mil 500 un maestro urbano.
Le hago notar al maestro Bravo que la nueva ley ya se modificó para que ningún maestro, repruebe o no las evaluaciones, sea despedido, una solución que al menos a quien esto escribe le parece que deja irresuelto todo, la calidad de los maestros tanto como su explotación. Pero no nos detenemos en ello porque por desgracia esa cuestión ya no es el centro de la revuelta de la CNTE. Su vocero me narra la otra mitad de la historia.
Tan luego la CNTE organizaba la disidencia, la Secretaría de Gobernación les ofreció que los maestros participaran en mesas de consulta en todo el país. Lo hicieron y en el proceso acumularon propuestas concretas. No propuestas administrativas, sino de contendido de la educación.
Tal vez, como a quien escribe le parece, eran demasiadas las propuestas y demasiado dispersas, y el amplio documento que las recoge, imposible de aplicar en lo inmediato. En todo caso la dificultad de su aplicación nunca entró siquiera en consideración: cuando la ley se presentó en el Congreso ninguna de las propuestas de los maestros había sido incluida.
Los capotearon. Los engañaron. Los desdeñaron. Francisco Bravo lo pone en un eufemismo: administraron el conflicto.
Por eso vinieron a la capital del país, con su exigencia inicial ahora sostenida por la rabia que les provocó el orgullo herido. Quieren echar atrás la reforma educativa ya votada y quieren participar en crear una nueva reforma más amplia, que no sólo los afecte a ellos sino que modifique a la Secretaría de Educación.
El presidente de México tiene poder de veto a la reforma y por ello en la capital marcharon a Los Pinos para pedírselo. Ahí salieron de la casa presidencial un par de funcionarios de bajo rango y los atendieron. A Francisco Bravo no le resulta accidental la topografía del encuentro, sino calculada como otra bofetada de desprecio: sucedió en una esquina del patio de Los Pinos, detrás de unos caballos.
Como también parece ser un cálculo para ofenderlos y satanizarlos el operativo del día siguiente, en que se les desalojó de la plancha del Zócalo. Los maestros estaban formando un consenso para retirarse por propia voluntad, para no irritar más a los ciudadanos de la capital, y dejar que sucedieran en el Zócalo las fiestas patrias, cuando se les vinieron encima los policías, los helicópteros, las tanquetas de agua, y los barrieron, mientras los comunicadores exaltaban por la radio y la televisión “la perfecta operación de desalojo”.
El gobierno debe entender la paradoja. No puede exigir a los maestros obediencia ciega y tratarlos a punta de desdenes y de tanquetas de agua, como si se tratara de la relación entre hacendados y peones, o entre burgueses y mozos, porque si eso fueran los maestros, peones o mozos, no quisiéramos que fueran los maestros de nuestros niños.
Y los comunicadores deberían guardar los diccionarios de insultos clasistas, y comunicar. Preguntar y preguntar, mostrar hechos y más hechos. Nada más. Nada menos.

consultado 2 de octubre 2013 http://www.proceso.com.mx/?p=354096

Marx (y no solo Keynes) llevaba razón. Vicenç Navarro |

Una de las causas de la crisis financiera y económica que ha recibido escasa atención ha sido la evolución de la distribución de las rentas entre las derivadas del capital y las derivadas del trabajo, a lo largo del periodo post II Guerra Mundial. El conflicto capital-trabajo, al cual Karl Marx dedicó especial atención, hasta el punto de considerarlo como el hilo conductor de la historia (“la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases”), ha perdido visibilidad en los análisis de las crisis actuales, sustituido por los análisis de los comportamientos de un sector del mundo del capital, es decir, el capital financiero, sin dar suficiente importancia al conflicto del capital (y no solo de su componente financiero) con el mundo del trabajo. Los datos, sin embargo, continúan acentuando la importancia de la relación capital-trabajo en la génesis de las crisis económica y financiera que están ocurriendo en estos momentos.


Durante el periodo entre el fin de la II Guerra Mundial y los años setenta (definido como la época dorada del capitalismo), el Pacto Social entre el mundo del trabajo y el mundo del capital (en el cual el primero aceptaba el principio de propiedad privada de los medios de producción a cambio de aumentos salariales -condicionados al aumento de la productividad- y del establecimiento del estado del bienestar) dio como resultado un aumento muy notable de las rentas del trabajo que alcanzaron su máximo nivel en la década de los setenta. La participación de los salarios (en términos de compensación por empleado) en la renta nacional alcanzó cifras récord entonces. En los países que serían más tarde la UE-15 (el grupo de países más desarrollados económicamente en la Unión Europea), este porcentaje era el 72,9%. En Alemania, el porcentaje era 70,4%, en Francia 74,3%, en Italia 72,2%, en Gran Bretaña 74,3% y en España 72,4%. Al otro lado del Atlántico Norte, en EEUU, era 69,9% (European Commission, ECFIN, Statistical Annex, Table 32, Autumn 2011).


Esta situación creó una respuesta por parte del mundo del capital que revertió la distribución de las rentas. Las políticas iniciadas por el Presidente Reagan en EEUU y la Sra. Thatcher en Gran Bretaña iban encaminadas a favorecer las rentas del capital, debilitando y diluyendo el Pacto Social. La generalización de estas políticas determinó una redistribución de las rentas a favor del capital, a costa de las rentas del trabajo. Como consecuencia de ello, la participación de estas últimas disminuyó considerablemente de manera que en 2012 era el 65,2% del PIB en Alemania, en Francia el 68,2%, el 64,4% en Italia, el 72,7% en Gran Bretaña y el 58,4% en España, el porcentaje más bajo entre estos países y por debajo de la UE-15, cuyo promedio era 66,5%.
Esta disminución de la participación en el PIB de las rentas del trabajo creó un enorme problema de escasez de demanda privada, origen de la crisis económica. Esta escasez pasó, sin embargo, desapercibida debido a varios hechos, de los cuales uno de ellos fue el impacto económico de la reunificación alemana en 1990 y el enorme crecimiento del gasto público resultado de las políticas de integración de la Alemania Oriental en la Occidental, que se financiaron con un gran crecimiento del déficit público alemán, que pasó de estar en superávit en 1989 (0,1% del PIB) a un déficit de 3,4% del PIB en 1996. Este crecimiento del gasto público tuvo un efecto estimulante de la economía alemana y, por lo tanto, de la economía europea, dentro de la cual la alemana tenía y continúa teniendo un peso central.


El segundo hecho que ocultó el impacto negativo que la disminución de la participación de las rentas del trabajo tenía sobre la demanda privada fue el enorme endeudamiento de las familias y de las empresas que ocurrió en paralelo al descenso de las rentas del trabajo. Este endeudamiento fue facilitado por la creación del euro que tuvo como consecuencia la tendencia a hacer confluir los intereses bancarios de los países de la eurozona con los de Alemania. La sustitución del marco alemán por el euro tuvo como resultado la “alemanización” de los tipos de interés. España fue un claro ejemplo de ello. El precio del dinero nunca había sido tan bajo, facilitando así el enorme endeudamiento privado que tuvo lugar en España. Mientras que el sector público estaba en superávit, el privado tenía un enorme déficit que pasó desapercibido debido a su gran endeudamiento (consecuencia de la disminución de las rentas del trabajo).


Esta situación, aun siendo muy acentuada en España y otros países periféricos de la eurozona, ocurrió en todos los países de la eurozona. El crecimiento anual medio salarial en los países de la eurozona descendió de un 3,5% en el periodo 1991-2000 a un 2,4% en el periodo 2001-2010, en Alemania de un 3,2% a un 1,1% y en España de un 4,9% a un 3,6% (European Commission, ECFIN,  Statistical Annex, Table 29, Autumn 2011). El notable crecimiento del endeudamiento está basado, en gran parte, en esta realidad.


Por otra parte, la elevada rentabilidad de las actividades especulativas en comparación con la de las de carácter productivo (afectada, esta última, por la disminución de la demanda) explica el elevado riesgo e inestabilidad financiera, con la aparición de las burbujas, entre ellas, la inmobiliaria. La explosión de estas burbujas sobre todo en EEUU dio origen a la percepción de que la crisis financiera se inició e iba a estar limitada a EEUU, sin apercibirse de que la banca europea, y la alemana en particular, (incluyendo las cajas) estaba entrelazada con la estadounidense de manera tal que la crisis financiera estadounidense afectó inmediatamente al capital financiero europeo y muy especialmente al alemán. La banca alemana (Sachsen LB, IKB Deutsche Industriebank, Hypo Real Estate, Deutsche Bank, Bayern LB, West LB, DZ Bank, entre otros) tuvo que ser rescatada con fondos públicos, incluidos por cierto, fondos procedentes del Banco Central de EEUU, el Federal Reserve Board. Esta banca y cajas alemanas estuvieron también afectadas por el estallido de la burbuja inmobiliaria española, que generó la petición de rescate de la banca española (que incluyó a las cajas) que significó, en realidad, un rescate al capital financiero alemán, que tenía invertido en entidades españolas casi 200.000 millones de euros, que intenta ahora recuperar a partir del rescate a la banca española, rescate que acabará siendo pagado con fondos públicos españoles, tal como señalan los últimos datos.


La redistribución de las rentas a favor del capital y a costa del mundo del trabajo ha creado este enorme problema de escasez de la demanda (causa de la crisis económica) y del gran crecimiento del endeudamiento y de la especulación (causa de la crisis financiera). Tal conflicto capital-trabajo ha jugado un papel clave en el origen y reproducción de las crisis actuales, mostrando que Karl Marx (además de Keynes) llevaba razón.

fuente: http://www.nuevatribuna.es/opinion/vicenc-navarro/marx-y-no-solo-keynes-llevaba-razon/20130926112428096759.html consultado 2 de octubre 2013